ceno en un restaurante japonés, uno de mis habituales caprichos. tanto por la comida, ligera, sabrosa y colorida, como por la ausencia de música de fondo y el tono, por lo general moderado, que suelen observar los comensales. éste resulta un poco distinto, quizás porque lo llevan camareros chinos, algo más dados al bullicio que sus homólogos del otro lado del donghâi, o mar de la china oriental. ventajas y desventajas de la globalización. pero, lo de hoy -constato-, va a ser algo más que un poco de jaleo. en la mesa de enfrente, dos familias apenas si dan cuenta de una suculenta cena, fascinados como están por el parloteo incesante y la gesticulación de uno de los dos adultos varones, justo el que me da la espalda (impidiéndome, de ese modo, hacerle partícipe de mi célebre "mirada asesina", aprendida en las películas de woody allen). el tipo, más que hablar, pontifica. da consejos a diestro y siniestro (a las dos hijas, adolescentes, del matrimonio amigo, las gratifica, por ejemplo, con toda una teoría acerca de la natural superioridad de las mujeres, tan sólo contradecida por el error biográfico del enamoramiento que las lleva a emparejarse con imbéciles, pero del que no tardan en recuperarse). política, literatura, cine, religión, sexo... da lo mismo. cualquier tema le vale para lucir sus habilidades retóricas. "¿no has leído...? ¿pero habréis visto...?". alza la voz, pide comida para todos y no duda en enlazar por la cintura a la camarera china (¡horror!), con ese savoir faire de los habituales que quieren dejar claro, ante sus invitados, hasta qué punto lo son y airear, de paso, sus modales campechanos y libres de cualquier prejuicio de clase. la camiseta que lleva (sólo puedo leer la leyenda de la espalda: "oh, ah, chávez ganará"), no deja lugar al equívoco.
poco a poco, descubro que el objeto exclusivo de su enervante parloteo son, precisamente, las dos adolescentes, a las que tiene embobadas con su charla, y la mujer del otro -que ofrece algo más de resistencia (pero no demasiada). me comprometo a buscar, en un buen diccionario sino-español, la traducción de la expresión: "más pasado que un don juan"...
de repente, a su hijo, un chaval de unos ocho o diez años, se le cae la copa -con la que estaba jugando, a falta de algo mejor-, sobre el plato. y he aquí al inagotable y seductor conversador transformado, por arte de magia, en una hidra. t'arrêtes, oui ou merde! le espeta, a voces, para vergüenza de propios y extraños, y en un impecable francés. ah, monsieur es políglota...
el crío se escabulle en dirección a la puerta, mientras mi mirada escrutadora escanea el perfil expuesto del padre en busca de datos reveladores. la respuesta del cerebro no tarda en llegar: nada menos que... ¡el inefable jorge verstrynge! el hombre de las mil caras. el sujeto de la historia que, después de militar en la extrema derecha, nadó hasta la cúpula de ap, para, después, deslizarse por suave pendiente hasta los brazos del psoe y acabar, a la postre, "reivindicando el islamismo revolucionario como la ideología transformadora del siglo xxi" (sic). de ahí a acabar diciéndole zalamerías a un líder golpista y populista (ergo, fascista), como hugo chávez (del que ha sido asesor personal), no hay más que un pequeño paso. fascinante. pero de una coherencia supina: el que empezó de fascista (y el fascismo nació, no lo olvidemos, de una extrema izquierda no internacionalista), no ha renunciado, en ningún momento, a seguir siéndolo. en cualquier caso, defiende gallardamente su postura como prueba de su antiamericanismo visceral. el mismo argumento que empleaban, en los años 30, fascistas y nazis y sus respectivos simpatizantes: frente a la américa decadente, imperalista y plutocrática, la europa de los valores...
al salir del restaurante, con la sensación de que la cena me va a sentar como un tiro, y de que ningún momento debería de ser malo para llamar a un hdp por su nombre, descubro al joven heredero, jugando solo sobre el asiento de un vespino y me doy el gusto de imaginar su adolescencia y, con especial detalle, el capítulo dedicado a "la muerte simbólica del padre"...