extraños en el paraíso

julio 15, 2006

este blog permanecerá cerrado por vacaciones
del personal hasta finales de mes. aprovechen, hasta entonces,
para salir y divertirse. disculpen las molestias.

ayer, vi brillar los ojos de un zorro en la oscuridad de la noche cerrada. dos círculos amarillos, dos fosforescencias. permanecieron inmóviles, junto al seto, durante unos larguísimos segundos, reflejando la blanda luz del zaguán que se escapaba por la puerta abierta. a qué salía yo, no lo recuerdo. me quedé quieto, hasta que el chasquido de una rama al liberarse de su pesada carga de nieve, rompió el hechizo. los dos puntos brillantes se opacaron y se movieron, inquietos. en menos de lo que tardo en contarlo, habían regresado, de nuevo, a la noche. esta mañana, temprano, busqué las huellas bajo el chopo. la nieve caída de madrugada, las ha borrado. el tiempo no mejora.

julio 13, 2006


infumables los poemas presuntamente escritos por algunos de los presos recluidos por el gobierno estadounidense en guantánamo y publicados -cómo no- por bobelia en su edición del sábado pasado. de los que ahí aparecen, ni uno sólo merecería una línea de comentario en las páginas de un semanario escolar (o de la hoja parroquial, por la cantidad de referencias a alá y a sus grandezas), pero su carácter de palabra entre rejas les otorga ese tufillo sacrosanto (rebeldía y resistencia, r&r) que tanto excita a progres y a bienpensantes.
lo mejor de todo, la nota a pie de página: "estos poemas han sido publicados como primicia (!) por Book Forum, y son parte de los pocos que los abogados a cargo de la defensa (...) han podido recuperar". al parecer, la mayoría de los poemas habrían sido confiscados y guardados bajo llave (¿también en guantánamo?) por tan peregrinas razones como que son susceptibles de esconder mensajes en clave destinados a terceras personas. no dudo del carácter paranoico del gobierno usa pero nada como una buena leyenda para animar las ventas y abundar, de paso, en ese tópico ilustrado que cree ver en la palabra escrita una seria amenaza frente a toda forma de poder. de semajente escuela de pensamiento (sic) nacen una pésima literatura y eslóganes tan vacuos como aquel que reza que "quien quema un libro, acaba por quemar a un hombre". craso error: por lo general, suele ocurrir al revés (no hay más que revisar la historia de las bibliotecas de alejandría o de sarajevo, por poner sólo dos ejemplos).
las razones jurídicas -o su ausencia- alegadas por la administración bush para mantener a esos presos en el limbo y pasarse por el forro tanto las leyes propias como las internacionales, me parecen abominables, pero escribir: "¿ha vuelto a crecer la Hierba después de la lluvia?/¿Volverán las Flores a levantarse en Primavera?¿Es verdad que los Pájaros regresarán a casa?/¿Ha de volver el Salmón a remontar su corriente? (...)", constituye, por sí mismo, un crimen de lesa majestad que convierte a sus editores (los autores bastante tienen ya con cargar con la penitencia de su cursilería) -y, de paso, a los redactores de bobelia- en firmes candidatos a la horca -metafórica, claro- (en última instancia, son los editores los responsables de que semejante bazofia se incorpore al caudal general. por la misma razón, mandaría guillotinar al editor de "el código da vinci").
ya sólo le falta al antólogo lanzar un manifiesto. le regalo el título: "la palabra en la picota. poesía guantanameña".

llevo toda la mañana atenazado por la siguiente duda: ¿bajo qué criterios ha de ser publicada la obra de alguien cuya vida transcurre bajo circunstancias especiales (la privación de libertad, por ejemplo)? en principio, no encuentro otro distinto a aquel bajo el que debería valorarse el trabajo de cualquier otro autor, a saber: su calidad intrínseca. y digo debería, a sabiendas de que suelen influir muchos otros factores. excepto si se trata de un alegato del reo contra las condiciones de su encarcelamiento o de una edición de corte benevolente y acrítica, no creo que deban existir eximentes para con la obra de nadie. por la misma razón, ¿por qué no editar cualquier cosa escrita por un sordo, un ciego o un tetrapléjico, por el mero hecho de serlo? (ha ocurrido, de hecho). la publicación de los primeros escritos de jean gênet -en la jaula por asesinato- y su posterior excarcelación, gracias a la presión ejercida por numerosos intelectuales y escritores franceses, obedece únicamente a dicho criterio. que lo que escribía era bueno.

julio 11, 2006


siempre se ha dicho -con esa sencillez rayana en el simplismo que caracteriza a cierta sabiduría popular regurgitada y expandida por los medios de comunicación de masas- que el rugby era un deporte de villanos jugado por caballeros y el fútbol, justo su contrario. el cabezazo de zidane a matterazzi, en la final de la copa del mundo, como adecuada respuesta (desde su punto de vista, obviamente) a los insultos del defensa italiano, parece ilustrar el aserto. sin embargo, lo más interesante del asunto no es el revelado de lo evidente, sino la respuesta emocional del respetable y de sus genuinos representantes, los medios (especializados o no, tanto monta). zidane, hasta ese día modelo de jugador, de noble batallador y excelente esgrimista (aunque no era la primera vez que dejaba salir, en público, su genio malo), se ve convertido, de golpe (nunca mejor dicho) en el villano de la película, por mor de un mal uso de la cabeza (en todos los sentidos). lo que viene a ilustrar otra perla del acervo. aquella que afirma, sin la menor sombra de cinismo, que "cuánto más arriba llegues, más dura será la caída". que ocurra en este país, tampoco es de extrañar. después de todo, de lo que se trata ahora es de hacer leña de un árbol que nuestros egregios periodistas deportivos -y buena parte del populacho- quisieron ver caído antes de tiempo. aún recuerdo, tras la cumplida venganza que se tomó a costa de la selección española (y a pesar de nostradamus), lo dolido que se mostraba ante el manifiesto y sanguinario deseo de la prensa española de verlo relegado al banco de los pensionistas. ahora, al decir de la misma, zidane se está portando como un chico malo (qué cabría esperar, ¿no? de un tipo originario de argelia y criado en las calles de marsella...) al no pedir públicas disculpas por su salida de tono. al contrario que su contrincante, matterazzi, que mucha prisa se ha dado por correr a la palestra y afirmar, urbi et orbi, ser tan ignorante como para desconocer el sentido de la palabra "terrorista" (con la que, entre otras lindezas, supuestamente se dirigió al jugador francés y que fue la gota que colmó el vaso de su paciencia). y todo el mundo tan contento, con esa actitud hipócrita con que solemos celebrar el regreso del hijo pródigo, aunque te esté llamando idiota a la cara.
yo, me quedo, sin dudar, con el cabezazo de zidane. frente a la palabra sibilina y la intención torticera que la anima, tiene la nobleza del contacto directo, a la vista de todos. con el valor de quien asume el riesgo y acepta tener que pagar, luego, por su mala cabeza. su silencio corrobora el sentido del gesto. pero en las gradas del circo, los tribunos del pueblo no se cansan nunca de pedir sangre o, en su defecto, muestras de humillación y arrepentimiento (ned flanders y sus vestiduras rasgadas). antaño, a la hora del auto da fe, la confesión pública de los pecados otorgaba, al condenado, el privilegio de ser estrangulado -a veces, no del todo- antes de ser arrojado al fuego.
además, lo tengo claro: no me gusta la forma que tienen de entender el juego los italianos. aunque ganen (esa cosa tonta del fair play, supongo; un mito, porque los juegos de la realidad se asemejan escandalosamente al itálico modo).


amanece el cielo encapotado, pero sin una mala brisa que llevarse a la cara. deduzco que me espera un largo día de bochorno, acompasado por el chirriar mecánico de las sierras y taladros de la obra de enfrente y rematado, a la caída del sol -que no se ve por ninguna parte pero se halla omnipresente- por la luna llena. ¿alguien da más?

julio 09, 2006

al gato del otro lado de la calle, le han quitado el tejado. en menos de una semana, su hábitat de tejas, antenas, ventanas abuhardilladas y suaves pendientes ha desaparecido, reemplazado por el esqueleto de madera de de lo que no hace tanto era el hogar de una pareja con dos niñas. siempre me preguntaba, al verlos cruzar delante de las minúsculas ventanas, cómo harían para vivir en lo que imaginaba un espacio estrecho, diminuto, limitado, por arriba y por los lados, por las vigas de un tejado en pendiente (quien haya buscado piso y acudido al reclamo de "preciosa buhardilla céntrica", sabrá de lo que hablo). ahora, una vez destripado, no parece tan pequeño. pero sólo porque el límite, por arriba, es el mismísimo cielo. el gato da vueltas por el suelo de tierra, incapaz de comprender qué es lo que ha pasado. yo trato, por mi lado, de adivinar las (aviesas) intenciones del constructor de turno. ¿pretenderá sólo elevar un metro el antiguo techo para crear un espacio realmente habitable? mmm... lo dudo. demasiado esfuerzo y dinero para tan escueto beneficio. tengo, más bien, la sospecha de que aspira a "sacar dos alturas" (vivir en esta ciudad termina por volverte mal pensado). en cuyo caso, no me va a quedar más remedio que desenterrar el hacha de la guerra. y no sólo por el carácter, en principio, ilegal de la obra -que también-, sino porque, gracias a que la casa de enfrente -y las que la siguen, en línea recta, hasta el edificio del círculo de bellas artes- es más baja que la mía, recibo parte de ese aire fresco que baja de las montañas y que hace la vida algo más soportable en esta ciudad mesetaria. ya sé que todo muta y nada permanece y que resulta inútil tratar de ponerle puertas al mar de los cambios, pero no me seduce nada que me construyan un muro delante de las narices. aunque, quizás, debiera interpretarlo como una señal de que ha llegado la hora de recoger los bártulos y buscar nuevos espacios.
mientras se concretan las verdaderas intenciones de "el señor de los ladrillos", me entretengo contemplando las tripas al aire de la antigua vivienda. el color, verde pálido, de las paredes. el viejo cajetín de los conmutadores, una bañera arrumbada, las tuberías de plomo retorcidas y la puerta, pintada de azul grisáceo, que da a la escalera de la finca. no es mucho. apenas unos despojos. algo parecido puede que esté pensando el gato.

julio 07, 2006

ceno en un restaurante japonés, uno de mis habituales caprichos. tanto por la comida, ligera, sabrosa y colorida, como por la ausencia de música de fondo y el tono, por lo general moderado, que suelen observar los comensales. éste resulta un poco distinto, quizás porque lo llevan camareros chinos, algo más dados al bullicio que sus homólogos del otro lado del donghâi, o mar de la china oriental. ventajas y desventajas de la globalización. pero, lo de hoy -constato-, va a ser algo más que un poco de jaleo. en la mesa de enfrente, dos familias apenas si dan cuenta de una suculenta cena, fascinados como están por el parloteo incesante y la gesticulación de uno de los dos adultos varones, justo el que me da la espalda (impidiéndome, de ese modo, hacerle partícipe de mi célebre "mirada asesina", aprendida en las películas de woody allen). el tipo, más que hablar, pontifica. da consejos a diestro y siniestro (a las dos hijas, adolescentes, del matrimonio amigo, las gratifica, por ejemplo, con toda una teoría acerca de la natural superioridad de las mujeres, tan sólo contradecida por el error biográfico del enamoramiento que las lleva a emparejarse con imbéciles, pero del que no tardan en recuperarse). política, literatura, cine, religión, sexo... da lo mismo. cualquier tema le vale para lucir sus habilidades retóricas. "¿no has leído...? ¿pero habréis visto...?". alza la voz, pide comida para todos y no duda en enlazar por la cintura a la camarera china (¡horror!), con ese savoir faire de los habituales que quieren dejar claro, ante sus invitados, hasta qué punto lo son y airear, de paso, sus modales campechanos y libres de cualquier prejuicio de clase. la camiseta que lleva (sólo puedo leer la leyenda de la espalda: "oh, ah, chávez ganará"), no deja lugar al equívoco.
poco a poco, descubro que el objeto exclusivo de su enervante parloteo son, precisamente, las dos adolescentes, a las que tiene embobadas con su charla, y la mujer del otro -que ofrece algo más de resistencia (pero no demasiada). me comprometo a buscar, en un buen diccionario sino-español, la traducción de la expresión: "más pasado que un don juan"...
de repente, a su hijo, un chaval de unos ocho o diez años, se le cae la copa -con la que estaba jugando, a falta de algo mejor-, sobre el plato. y he aquí al inagotable y seductor conversador transformado, por arte de magia, en una hidra. t'arrêtes, oui ou merde! le espeta, a voces, para vergüenza de propios y extraños, y en un impecable francés. ah, monsieur es políglota...
el crío se escabulle en dirección a la puerta, mientras mi mirada escrutadora escanea el perfil expuesto del padre en busca de datos reveladores. la respuesta del cerebro no tarda en llegar: nada menos que... ¡el inefable jorge verstrynge! el hombre de las mil caras. el sujeto de la historia que, después de militar en la extrema derecha, nadó hasta la cúpula de ap, para, después, deslizarse por suave pendiente hasta los brazos del psoe y acabar, a la postre, "reivindicando el islamismo revolucionario como la ideología transformadora del siglo xxi" (sic). de ahí a acabar diciéndole zalamerías a un líder golpista y populista (ergo, fascista), como hugo chávez (del que ha sido asesor personal), no hay más que un pequeño paso. fascinante. pero de una coherencia supina: el que empezó de fascista (y el fascismo nació, no lo olvidemos, de una extrema izquierda no internacionalista), no ha renunciado, en ningún momento, a seguir siéndolo. en cualquier caso, defiende gallardamente su postura como prueba de su antiamericanismo visceral. el mismo argumento que empleaban, en los años 30, fascistas y nazis y sus respectivos simpatizantes: frente a la américa decadente, imperalista y plutocrática, la europa de los valores...
al salir del restaurante, con la sensación de que la cena me va a sentar como un tiro, y de que ningún momento debería de ser malo para llamar a un hdp por su nombre, descubro al joven heredero, jugando solo sobre el asiento de un vespino y me doy el gusto de imaginar su adolescencia y, con especial detalle, el capítulo dedicado a "la muerte simbólica del padre"...

julio 03, 2006


antes de meterme en la cama, redescubro, entre las páginas de un libro prestado -y no devuelto-, esta foto que saqué hace un par de años y que me trae a la cabeza el haiku de basho:
esta senda
nadie ya la recorre
salvo el crepúsculo
bajo el cielo sin luna, con la ventana abierta.

julio 02, 2006


tarde de domingo. doy vueltas por la casa, azuzado por mi genio maligno. no tengo ganas de salir, sólo espero que refresque con la caída de la noche. quizás entonces... del otro lado de la calle, una chica tiende la ropa bajo un sol inmisericorde. pongo la lavadora. escucho los botones metálicos rebotar contra las paredes del tambor a cada giro. escribo un rato. doy más vueltas. me tumbo. leo. dejo el libro. desasosiego. ruedo de un lado a otro de la cama, hasta sentir mareo. me levanto. saco fotos de la superficie de las sábanas porque recuerda a la de la nieve. dejo la cámara. llamo por teléfono a alguien que no contesta. espero mensajes que no llegan. dibujo monigotes. lo único cierto es que, ahora mismo, follaría con el mismísimo diablo (mejor, con dos). sólo así "habrá de salirse la bestia y calmarse el espíritu". dos vías conducen al palacio de la sabiduría -ascesis-, dice san agustín: la de la contención y la del exceso. para la primera, es demasiado pronto. para la segunda, nunca es demasiado tarde. principio post-cartesiano: ¿cuál sería el mínimo común denominador a partir del cual podría estar yo seguro de que algo –yo mismo, por ejemplo- existe por sí mismo y no como mero producto de una ilusión? el placer sexual. todo lo demás resulta altamente sospechoso. demasiado tarde para casi todo, supongo. me río. doy más vueltas. escojo un disco de bach, con la esperanza -vana- de que el orden seráfico de su música consiga aplacar mis turbulencias. me distraigo oyendo a glenn gould tararear mientras va marcando con el pie el tempo de su interpretación. todo es un juego. la gran broma. me coloco las gafas de sol en la penumbra de la habitación para no ver nada. alzo una ardiente plegaria a santa bettie page, ruega por nosotros, irredentos pecadores...
"no quiero que me ames
sino que ames.
los incendios no tienen dueño".