si lo de sevilla llevó su tiempo, recuperarme del viaje a león me está costando algo más. y no tendría por qué ser así. el viaje en avión fue bueno, a pesar de la estrechez del aparato -casi podía rozar, con mi altura de 1'72 pelado, el techo de la cabina- y de las turbulencias, de las que, enfrascado como iba en la lectura del libro de hirsi ali, ni me enteré. y, al bajar del aparato, en uno de esos aeropuestos minúsculos, caseros, que conservan la belleza romántica de los viajes de antaño, y en los que recorres a pie la distancia entre la escalerilla y el edificio principal, la sensación inigualable del aire húmedo, impregnado de lluvia y olor a hierba. todo ello contra un fondo de nubes, blancas y negras, de entre cuyo tejido brotaba una luz difusa, vespertina, con un intenso toque dramático. estuvimos esperando largo tiempo que algún taxi asomara el morro por aquellos andurriales, pero el placer del instante compensaba, con mucho, todos los inconvenientes. y luego el hotel, claro: un antiguo monasterio-hospital del siglo xvi, con habitaciones más grandes que algunos apartamentos. le grand luxe. el caso es que ya venía algo quemadito tras la sesión de sevilla. las cenas eternas, con todo el equipo del programa entregado a conversaciones insufribles, se hacen difícilmente llevaderas, aunque siempre puedas levantarte discretamente de tu asiento y desaparecer. cosa que acabé haciendo, para quedarme de agradable charleta con a. hasta las tantas de la madrugada. Lo malo fue tener que darse el madrugón, al día siguiente. tras el desayuno opíparo, el programa y una hora escasa de descanso en el hotel, nos subimos al autobús, sin haber tenido tiempo siquiera de dar una vuelta por la ciudad. como los señores futbolistas. el partidito y a casa. las pocas horas de sueño y la perspectiva de un largo viaje por carretera empezaron a hacer mella en mi ánimo. sólo me faltó que, a la hora de la comida, instalados en un restaurante de benavente, a los miembros del equipo del programa les diera por hablar, una vez más, de política y sociedad. digo hablar y es mucho decir porque, en realidad, sólo se limitan a corear consignas y titulares de esa hoja parroquial que pretende pasar por diario independiente de la mañana. lo peor no es que sean gente de fe -ciega-, ni su profunda ignorancia -algo muy propio de los periodistas patrios- o que no sepan distinguir una mera opinión de un hecho, sino la pertinaz falta de respeto que manifiestan, dando así muestras de su talante, en clara sintonía con la cadena para la que trabajan. no ya hacia cualquier punto de vista que diverja, sino ante la mera presencia de extraños -y yo lo soy para ellos- cuyos planteamientos o creencias no tienen por qué coincidir con las suyas. bien es cierto que esto no es algo privativo del grupo al que me refiero, sino una característica de esta bendita nación. al final, la tuvimos, claro. no me he pasado un año en la hemeroteca, leyendo los periódicos del período 1931-36 para acabar escuchando sandeces acerca de la sobrevalorada segunda república española. como tampoco soporto las diatribas antiyankis que tiene a gala, por sistema, la izquierda patria -rasgo que comparte con la extrema derecha (y no es el único)- o las jeremiadas del nacionalismo y su argumentación de parvulario. yo, como siempre, haciendo amigos.
ni qué decir tiene: el resto del camino, lo hicimos en silencio.
ni qué decir tiene: el resto del camino, lo hicimos en silencio.

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