Nombre: jorgeoliver

junio 26, 2007

todavía atrapado por el espíritu de la primavera, y alentado por el ritual de las hogueras de san juan, voy culminando la tremenda tarea de vaciar armarios y biblioteca, acometida, hace casi un mes, con la tímida esperanza de lograr hacer sitio. ya que mi consumismo feroz e indomeñable no tiene visos de remitir, por lo menos a corto plazo, y que no me atrevo a aprovechar la ausencia del vecino para abrir un boquete en la pared, tapiar la puerta de entrada a su casa y hacerme con su piso, me temo que no me queda más remedio que hacerle espacio (a mi demonio consumista, no al vecino). lo complicado del asunto obedece a que siempre he tendido a establecer extrañas relaciones con los objetos. por ejemplo, con esos maravillosos muebles sacados del contenedor, a los que algún desaprensivo arrojó cuando todavía estaban de buen ver, que me susurran al pasar: "llévame contigo". las maletas antiguas, los baúles de viaje, los cabeceros de latón que atestan mi desván. luego están los trajes del abuelo que mi sastre me arreglaba; y los que localizo en las tiendas de segunda mano. trajes ingleses de hace treinta, cuarenta años, de lana esponjosa e impecablemente cortados. y qué decir de mis fascinación por los abrigos y los zapatos (mi familia, siempre presta a practicar la lengua de las víboras, me endilgó dos motes: imelda, por mi desmedida afición al calzado; y madelmán, por esa manía mía de coleccionar complementos).
a pesar de mis pasiones desmedidas y de la tristeza que me causa el tener que deshacerme de aquello que tanta felicidad me procura, consigo llenar una bolsa con zapatos que ya no me pondré y algunos jerseys y chaquetas a los que el uso va asimilando más a una dura vida a la intemperie que a los armarios de un pijotero con vestidor.
de mi colección de cámaras antiguas, de la que ya he vendido una buena parte, sólo conservo aquéllas cuya belleza me siga proporcionando un intenso deleite. de la de vídeos -plagada de excelentes títulos de cine clásico y de autor- se ha hecho cargo la biblioteca de la cabrera.
en cuanto a la mía, he ido sometiendo sus títulos, uno a uno, al riguroso examen de la relectura. consciente de hay muchos que no volveré a abrir y cuyo lugar en los anaqueles obedece únicamente a la exigencia cultural de atesorarlos, cual fetiches de papel y de manifestar la diversidad de intereses y el criterio eclético de su propietario. liberado de tan futiles ataduras, no dudo en arrojar a las llamas simbólicas les mandarins, de la beauvoir, por execrable justificación de la mentira. o tiempo de silencio, de martín santos, por plasta, entre otros muchos ejemplos. en mi entrada, y a la espera de que algún librero se interese por ellos o que yo decida liberarlos por calles y plazas, se van amontonando las obras de musil, kadaré, onetti, amén de libros de filosofía e historia que han dejado de interesarme. como decía el personaje de pepe carvalho, en una vieja película, cuando su novia le reprochaba que arrojara al fuego un ejemplar del quijote: "ya lo he leído". pues eso.