han pasado varios días y no termino de recuperarme de la excursión laboral a sevilla. imagino que, como no piensan seguir con el programa, nos dan un oreo a modo de premio de consolación. por mí, podrían ahorrárselo; porque tenernos dos días enteros en medios de transporte y restaurantes -eso sí, de gran lux-, sometidos a comidas pantagruélicas, sobremesas interminables y al cacareo inane de los prebostes locales de la cadena y sus lumbreras políticas, no es lo que yo entiendo como un agradable fin de semana fuera de casa. menos mal que siempre consigo sacarle punta a todo y me acabo riendo con mis compinches. además, el tiempo, fresquito, supuso un alivio (aunque no lo disfrutáramos apenas porque casi no vimos la luz del sol). de hecho -ingenuo de mí-, tenía pensado alquilarme una bicicleta e ir a dar vueltas por la sede de la expo, un lugar fascinante (el resto de la ciudad tiene un paseo y poco más) y uno de los mejores ejemplos de la decandencia de parques industriales, tecnológicos y ferias de muestras. en suma, un viaje completo a los campos arqueológicos del futuro. no pudo ser. el próximo sábado toca león. confío en hallar el modo de escaquearme y dar una vuelta por la ciudad. pero mucho me temo que el precio por viajar y alojarte gratis en el hostal de san marcos sea precisamente ése: el de aguantar como un buen chico las soplapolleces de periodistas-encantados-de-conocerse (valga la redundancia) y su capacidad de llenarse el buche durante horas (y yo, feliz de morder la mano que me da de comer).

1 Comments:
Ah, León... Recuerdo una feliz estancia en un pequeño hostal regentado por la versión mesetaria del ama de llaves de Rebeca (rápidamente apodada la touche-nichons)... Supongo que el San Marcos estará a la altura y que la carta ofrecerá algo más sustancioso que mano de jefe con garbanzos.
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