un tarado de rasgos mongoloides (aunque podrían haber sido caucásicos o negroides) fríe a tiros a sus compañeros de universidad, aprovechando ese delicado momento del día en que uno anda todavía sumido en el sueño o apenas si acaba de despertarse; envía un abultado paquete con vídeos y textos que ponen de manifiesto la profunda perturbación que asola su ánimo (y dejan entrever una patología de carácter esquizofrénico), y su naturaleza narcisista, y a los medios no se les ocurre nada mejor que lanzarse a un detallado análisis del contenido de dicho paquete, como si el puñetero asesino fuera algo así como un pobre einstein incomprendido al que no le ha quedado más remedio que recurrir a la sangre y al fuego para hacer patentes la tremenda injusticia y el profondo dolor que sufría a manos del mundo entero*.
no, señores, este tipo sólo era un enfermo (y no por culpa de la sociedad, sino de la química del cerebro) y sus textos no son otra cosa que la manifestación de su delirio. y, si bien es cierto que armado con un palo o un puñal no habría podido infligir tanto daño, no lo es menos la imposibilidad de vigilar la deriva psicológica de miles de estudiantes. claro que, ¿a quién coño le importan los hechos, teniendo la oportunidad de extraer poesía -con la consiguiente multiplicación del interés del público- del acto de un demente?
creo que alguien debería tomarse en serio la reapartura del diario el caso. la salud del periodismo así lo exige.
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* "El paciente con esquizofrenia puede sentir que sus pensamientos le han sido impuestos desde fuera o que le han sido robados por alguien o algo externo, una fuerza incontrolable. El cuerpo puede sentirse como si hubiera sido poseído o controlado, como si uno fuera una marioneta o un robot bajo control externo. En el peor de los casos, la personalidad al completo parece estar bajo la influencia de una fuerza extraña o de un espíritu."

