extraños en el paraíso

septiembre 28, 2006

sigo sin tener noticias de mí mismo. pero, entretanto, he descubierto que me fascinan -mentira, ya lo sabía, mi enamoramiento venía de lejos, de las películas de mi adolescencia y de aquellas extensiones infinitas y yermas de entonces, al final de la avenida de aragón o del barrio de hortaleza, pobladas de desguaces y de fábricas de uralita-; o sea, he redecubierto la fascinación que sentía por las zonas industriales abandonadas, mal planificadas, inhabitables. las afueras. tenían algo de arqueología previa a la hecatombe. ruinas de un pasado industrial que, por estos lares, ni siquiera llegó a tener presente. decadencia, con el lirismo que suele conllevar. infinitas posibilidades para el ojo adiestrado del fotógrafo.
ahora, ya no existe nada así. los parques industriales y tecnológicos son lo contrario de aquel caos primigenio. son la basura ordenada y debidamente maquillada en el interior de edificios de vidrio y acero, a las puertas de la ciudad -para la que actúan como tarjeta de visita; parcelas trazadas con cartabón y atmósfera de ensanche. el triunfo del diseño tiende un pulcro velo sobre la muerte del héroe.