abril 17, 2007

cada tres meses, la cercanía de la fecha límite y los consiguientes cálculos del iva que me tocará verter en las arcas públicas, provocan en mí una terrible reacción alérgica. vamos, que me da urticaria. y no sólo: siento cómo se despierta mi demonio interior y mis sueños se pueblan de frenéticas solicitudes de la green card y de convenciones republicanas en las que, ataviado con un canotier, un elefante de peluche en una mano, en la otra una bandera, y la solapa alfombrada de chapas con el rostro del candidato, coreo el nombre del elegido que habrá de librarnos de la plaga de los impuestos, por siempre jamás...
lo sé, sólo es una fantasía para perros domesticados. los impuestos son necesarios para taaaantas cosas. como dar de comer a todos los mangantes que nos gobiernan, por ejemplo. financiar un sistema de salud integrado por médicos, por lo general, apáticos, meros expendedores de recetas. mantener en pie un ejército de opereta y sufragar parte de los delirios multiculturales del gobierno. a cambio de nuestros sestercios, papá estado vela por nosotros. amén.
mañana, me levantaré temprano e iré a cumplir con mis obligaciones. pero soy libre de ejercer mi derecho al pataleo como a mí bien me parezca, ¿o no?