agosto 16, 2006

cuatro fotos en un periódico, unas imágenes de televisión y ya respiran, aliviados, los desamparados hijos de la revolución. alguien debería -si no está hecho ya- elaborar un estudio acerca del infantilismo que emana de las masas revolucionarias y de tanto periodista y escritorcillo necesitados de causas nobles y de figuras paternas (patética, belén gopegui, en su defensa del tirano). tanta gente necesitada de un padre, qué hartura, a ser posible barbado y con aire de patriarca. siempre se puede recurrir a freud, claro, o a lacan pero sería hora de actualizar datos.
cuba, el mito: la sanidad, la educación. la realidad: la mayor proporción del mundo de putas y putos con estudios. sin ánimo de resultar cínico, es una indudable mejora respecto de los tiempos de batista.
la soberbia de un hombre: o yo o el caos y el que no esté conmigo está contra mí. creo que era mussolini quien desgranaba sin cesar ambas frases. pero resultan universales en su aplicación.
el pensamiento mágico: castro o el hombre que traía la lluvia y hacía crecer la caña. gramma: la hoja parroquial. en conjunto, el absurdo caribeño. que también fue ruso, rumano, camboyano... ¡papá, ven y sálvanoooos!
¿de dónde nacerá toda esa fascinación por la violencia y el terror entre los tipos con gafitas? esos intelectualillos de provincias, de clase media venida a menos, maestros, abogaduchos, curillas, con algunas lecturas y tanto ardor revolucionario. los polpot, los guzmán, los castro, los robespierre, los savonarola, los nasralà, los jomeini y tan larguísimo etcétera. obsesionados con la pureza y decididos a pasarnos a todos por la hoguera para lograr la salvación de nuestras supuestamente desdichadas almas. caiga quien caiga. sospecho que obedece al mismo mecanismo que empuja, en el patio del recreo, al empollón en brazos del matón, su futuro brazo armado. el deseo de la fuerza bruta. el anhelo del fuego, la poesía barata del postromanticismo. eso sí, con la edad se disimula el asunto con grandes discursos, por lo general terriblemente tediosos. lo peor de esta gente no es que sean vanidosos y traten por todos los medios de dar salida a su ambición de individuos de medio pelo, por lo general a costa de los demás, sino lo plúmbeos que resultan. no recuerdo ahora a qué cículo del infierno condena dante a los vanidosos y a los soberbios, pero espero que allí se pudran. por siempre jamás.