va a hacer casi un mes que colgué el consabido "cerrado por vacaciones" de la puerta de este blog. durante los últimos diez días he ido posponiendo, por pereza y dejadez, el momento de sentarme y reabrir el chiringuito. una variante del síndrome postvacacional, supongo, aunque a mí no me esperen, por estos lares, obligaciones, negocios o actividades remuneradas. de ésas que te proporcionan el dinero para comer mientras te quitan el apetito. pero añoraba ya la disciplina y el placer diarios que suponía sentarse y estrujarse las meninges. o el espacio para vomitar mis decepciones, mis cabreos, la mala bilis, en suma, que nos depara el vivir en sociedad con nuestros semejantes. para dejar constancia, también, de los placeres menudos, de los vicios, más o menos confesables, del gusto por ensamblar frases y crear sentido a medida que las negras letras se despliegan por la pantalla.
de hecho, aunque no lograra dar el paso de lo contingente a lo necesario, no he dejado, ni un sólo día, mientras vegetaba sobre la arena o me mecía en la hamaca del jardín, de redactar, en mi cabeza, algunas líneas destinadas a este hogar virtual. más que un hogar, en realidad, un vestidor. esa pieza indispensable en una correcta distribución del interior de una casa que las necesidades modernas, el desconocimiento, el abandono y la tacañería de los constructores, empeñados en enseñarnos a (sobre)vivir en un armario con ventanas, han abocado a su desaparición.
en definitiva, que me alegro de estar de vuelta.

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