
15 de enero. retomo la tarea tras dos días de mutismo. silencio resultaría demasiado solemne. y falso. de hecho, no he callado. por hablar, hablo, incluso, en sueños. "el aburrimiento de los domingos por la tarde" -escribe connolly en su extraordinario libro la sepultura sin sosiego- "que llevó a de quincey a probar el láudano, también dio vida al surrealismo: son horas propicias para fabricar bombas". inmunidad británica, distancia irónica -sano y estoico desapego-, frente a los excesos verbales a los que tan proclives resultan sus vecinos del otro lado del canal.
del aburrimiento como origen del artefacto.
"todos los males del hombre" -escribe Pascal (y transcribo de memoria, séanme perdonados los posibles errores)- "proceden de no ser éste capaz de permanecer sentado en una silla sin hacer nada".
mi domingo ha sido tranquilo y agradable. sin drama ni bostezos.
futilidad de la piedra y del sueño.
quienes valoran el sueño -lo onírico- frente a lo real, son los mismos que otorgan primacía a la fantasía sobre la imaginación.
pero, ¿acaso no todos lo hacemos en algún momento?
cae la noche. la ciudad se desdibuja en malva y negro. y acaba bañada en burdeos.
el pequeño max se agita, mueve sus manitas arrugadas, abre la boca y se queda callado.

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