enero 09, 2006

día tras día



8 de enero. qué raro se hace escribir día tras día un diario abierto que nadie lee. tras el domingo transcurrido sin pena ni gloria, viene un lunes de plomo y barro. cabeza en blanco. ¿merece la pena reseñar algo? ¿les maux d'amour? ¿Los amores perdidos, dilapidados? ¿el desencanto y la agonía causada por los constantes malentendidos? no. ¿la felicidad? ¿les jours comblés? para qué... de las cosas buenas como de la belleza, sólo se puede decir que son. apenas si ofrecen matiz al que agarrar la escritura y desde el que impulsarse hacia delante. de ahí que los relatos felices nos resulten ñoños, cursis, desprovistos de la tensión que nutre la memoria y la imaginación. fíjemonos en un cuadro de tiziano, cualquiera en el que aparezca una hermosa mujer desnuda -diosa o mortal. los amores de marte y venus, por ejemplo. bajo la superficie de juego y entrega, de plenitud, se adivina el dolor, la morbidez de la carne -incluso inmortal-, la caída, los celos, la violencia, el desgarro. suprimido el desasosiego, ¿qué nos queda? una capa insustancial y vacía. una pobre pretensión bienintencionada. una cancioncilla de iglesia, tontorrona y simple, que no sencilla. apolo, por sí solo, no basta. sin su reverso oscuro -dionysos-, su brillo se apaga, como el estaño manoseado. como una baratija para turistas. como una estampita kitsch de san judas tadeo.
pero ¿acaso no sacrificaríamos, a veces, todo el arte -del pasado, del presente y del futuro, por un grand bonheur accompli, una felicidad sin tacha, libre de todo desasosiego y dolor? a veces... sólo a veces. después de todo, la felicidad sostenida conduce al individuo inexorablemente al tedio, que desemboca en su opuesto, la infelicidad y la inquietud. ecuación irresoluble. en su dimensión colectiva, ¿quién pretende ignorar todavía que la felicidad soñada, el amanecer radiante compartido, terminan encarnándose en el siniestro gulag?
lunes de barro y plomo.
el zumbido del ordenador no me recuerda, en nada, la música de las esferas.