el yayo, siempre tan dado a complacer mis deseos. se me llevaba, por las tardes, a beber una cocacola. pero nunca se lo contamos a mis padres (o sí, tal vez yo lo acabara largando y a él le cayera una bronca). por él, del que muchas veces me sigo acordando...
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home