el ya no tan pequeño max espera, con impaciencia y ceñudos gorgoteos -hay que ver lo mucho que le gusta parlotear a este monito- la nueva cuna que le está preparando su tío. así me lo hace saber, por teléfono, tras un expresivo "feliz cumpleaños" (que su madre interpreta). y, yo, a rezar para que los cálculos estén bien hechos y su nuevo tálamo no se vaya al suelo con el mochuelo dentro. ¡señor, qué responsabilidad!
sale el sol. escucho una pieza de piano de mozart que no conocía. placidez. al pasar, no puedo evitar echarle una mirada al espejo. arrasado por el desbarajuste horario (más de diez días durmiendo una media de cinco horas), cualquiera podría echarme, sin equivocarse, cuarenta años. cuarenta años. dicho así, suena a sentencia inapelable dictada por un juez inmisericorde. pero es lo que es, après tout.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home