hoy me habría quedado el día entero en la cama. la noche ha transcurrido en una cansina duermevela, animada por el rasgueo minimalista de las cuerdas del tendedero y jalonada por el rítmico -y enervante- golpeteo de una puerta mal cerrada, que emplea el hueco del patio como caja de resonancia (una constante en mi vida hogareña, el ruido de esa puerta cada vez que sopla viento. todavía no he conseguido, al cabo de muchos meses, saber de qué puerta se trata. todas las que dan al patio parecen estar bien cerradas y los vecinos me aseguran que los portazos no proceden del interior de sus casas. misterio).
en la cama, mientras decido si me levanto o si dejo correr las horas, aprovecho el periodo de indecisión para leer la correspondencia entre v.s. naipaul y su señor padre. no hay mejor lugar para entregarse a la lectura de cartas ajenas que el propio lecho (las biografías, las dejo para el cuarto de baño). éstas con las que ahora me entretengo son estupendas. muestran, sin pudor, cuán ruines, fatuos y miserables pueden ser los grandes escritores y confirman la vieja máxima según la cual la virtud no constituye, necesariamente, la base sobre la que reposa el estilo.
[destaco un consejo del padre: "aprende a elegir tus emociones". esa -deseable- perspectiva de la emoción como opción frente a la idea, tan cómoda y recurrente, de la emoción como fatalidad o destino.]
hace demasiado frío por las mañanas en esta casa mal aislada. escribo -como hace un año, por estas fechas- con bata de cuadros sobre jersey de lana y pijama de franela; con las manos, heladas, envueltas en mitones, de entre los que sobresalen mis dedos ateridos y aquejados de cierta rigidez. ni la economía -como hace un año- ni la ecología aconsejan encender la calefacción hasta la tarde. además -a qué negarlo-, me gusta esta sensación de relativa incomodidad. cosas de mi naturaleza masoquista o de cierta querencia estoica -y vanidosa: es sabido que el calor de las calefacciones reblandece el cuerpo y el cerebro (¡coño, qué frío!). a cambio, eso sí, me pienso regalar una larga ducha caliente (aunque sólo pensar en el trayecto entre el baño y mi cuarto, que suelo cubrir desnudo, me produce escalofríos). en el edificio de enfrente, cuyas obras en el tejado -se supone que ilegales- se hallan detenidas desde hace más de un mes, el viento zarandea sin contemplaciones los plásticos y silba entre las pilas abandonadas de ladrillos. todavía cabe la esperanza de que nieve.
epílogo: si sigue haciende este frío, me salto mis principios y enciendo la calefacción. ya venderé mi cuerpo, en primavera, para pagar la factura correspondiente.

3 Comments:
Estos pisos alquilados en los que pasas de arreglarlos porque nunca sabes si el mes siguiente te mudarás, y por no dejar ni un duro en esa, tu morada, lo único que haces es pasarlas putas por el frío o por el calor, según lo que toques en cada momento.
Lo peor es estar al lado de una venta na que no se puede cerrar bien, con este temporal ... pero te tienes que quedar ahí y no puedes meterte dentro del nórdico porque solo en ese punto de la casa puedes tomar prestado internet del ese vecino tan solidario.
Cuidado con los fantasmas que abren y cierran puertas y soplan en tu piso ;)
yo te imaginaba calentito, acomodado... ¡una nueva sorpresa!
es que soy masoca. y caprichoso: me gasto en el sastre lo que debería de emplear en pagar a gas natural. pero no se puede comparar el trato, no señor.
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