diciembre 03, 2006

se queja j. de lo mal que se traducen los títulos de las películas en este país ("don´t come knocking por llamando a las puertas del cielo y luego quieren que la gente interprete bien las películas"). si sólo fueran los títulos... quien más, quien menos -y a poco que se hable medianamente una lengua extranjera- se ha quedado con la extraña sensación de que, en la pantalla, algo no iba bien, de que lo que los personajes decían en su lengua original poco o nada tenía que ver con la interpretación, que de ello, había hecho el traductor. y eso, cuando hablamos de cine en versión orginal. si la cinta ha sido doblada, no queda más remedio que bajar los brazos y entregarse a la ley del disparate. claro está que hay doblajes que, de puro infames, han alcanzado la categoría de mitos, en la misma línea que las películas de ed wood. ¿quién no recuerda el resplandor, en el doblaje de verónica forqué y otro manta de cuyo nombre no me acuerdo? y pensar que fue el propio kubrick quien la escogió...
ayer me tocó enfrentarme a otro producto de la mente enferma de un traductor borderline. the trial (el proceso), de orson welles, basada en la novela homónima de f. kafka. la película es soberbia, aunque desigual. desde el punto de vista del tratamiento de la imagen, una obra maestra. ahora bien, la traducción y doblaje de la misma deben figurar en los primeros puestos de una historia general de la infamia. la versión que se vende aquí es una muestra ejemplar de la falta de respeto que impera en nuestro país respecto del trabajo ajeno. a todos los niveles, desde el traductor, a los dobladores (que repiten, como loros, frases que no tienen el menor sentido) y al distribuidor de la cosa. en resumidas cuentas, la traducción es digna de un cretino ignorante, que no sólo desconoce el inglés sino su propio idioma (recuerdo perlas como "compadecer" por "comparecer", "voluctuosidad", por "voluptuosidad", o "prevalicador", por "prevaricador", entre otras muchas -ese inolvidable haber por a ver- y amén de los errores garrafales de traducción, que empañan el sentido -como cuando k (llamado ca en los subtítulos) dice que ha acudido para ver de cerca el funcionamiento de la justicia, que le resulta odioso y que no quiere ver nada más. según el traductor, y el doblador, lo que dice k es que ¡se siente odiado!). están luego las partes sin traducir y las que se añaden y no aparecen en la versión original. en suma, un cúmulo de despropósitos, eso sí, digno de una novela escrita por el propio kafka en la que el traductor, o traductores, jugasen el papel de los estúpidos burócratas. para colmo de males, la versión original ofrece un pésimo sonido con lo que es difícil, en algunos momentos, limitarse a seguir los diálogos en inglés. menos mal que romy schneider (llamada leni, beni y no recuerdo qué mas, por obra y gracia del tradittore) logra siempre endulzar la más pesada de las cenas. roguemos por ella.
pero sigo pensando que la ejecución en plaza pública de traductores (por hacer mal su trabajo, muchas veces con la peregrina excusa de que no están bien pagados), editores (por pasarse por el forro el mínimo cuidado y respeto hacia películas, libros, espectadores, lectores y, por supuesto, traductores) y distribuidores (por presionar sin descanso a los anteriores con el lucro como único objetivo) serviría de escarmiento para los propios y de solaz para los ajenos.

6 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Habría que diferenciar entre los que son traductores y los que ocasionalmente desempeñan ese papel porque aprendieron inglés en el colegio y pasaron unos meses en Bristol. ¡Ya está bien de echar siempre la culpa al traductor! Yo soy de la opinión de que antes de proceder a la ejecución en plaza pública, habría que sopesar algunas cuestiones tales como: ¿qué plazo de tiempo se reservó para el proceso de traducción? ¿cuánto se pagó al bilingüe de turno? ¿se contrató a un profesional especializado en el subtitulado de películas o a uno que "sabía inglés" y que además es amigo del productor? Lo malo de la traducción y de cualquier otra práctica en la que esté involucrada la lengua es que, como esta es un bien público, todo el mundo se cree legitimado a empuñar la pluma y estocar aquí y allá, haciendo caso omiso de las reglas más básicas de gramática, estilo, ortotipografía y hasta de sentido común... Por lo que cuentas, parece que encargaron el trabajo a un cretino cuya lengua materna ni siquiera era el español. El verdadero despropósito en este caso no va de la mano del aficionado (más que traditore, porco mutilatore) sino del productor cicatero, que quiso ahorrarse el coste de contratar a un traductor profesional. Así que, si us plau, de ahora en adelante, propongo que en lugar de "traductores" les llamemos otra cosa...

12:23 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

suscribo la moción. que queden aplazadas las ejecuciones (pero sólo en el caso de los traductores) hasta que se proceda a una revisión profunda de la causa. los intrusistas, los que acepten trabajos de traducción sin tener la menor idea, serán condenados a picar piedra hasta el advenimiento del juicio. pero no exculpe ud de golpe, querida i. a todos los traductores. que los hay que, después de la tira de años ejerciendo como tales, siguen en el mismo plan. otra cosa son los haraganes de las editoriales que, a la hora de reeditar, ni se molestan en encargar una nueva traducción. les basta con una de hace sesenta años que nadie se toma la molestia, siquiera, de revisar.

1:00 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Querido bellidito:

No pretendo exculpar a todos los traductores. Sé muy bien que dos licenciaturas, cuatro posgrados y veinte años de experiencia en medicina no garantizan un buen médico. Lo que quiero resaltar es que la operación de traducir es en gran medida subjetiva y que, por tanto, habrá distintas calidades de traducción. Considero que al traducir, más que los conocimientos objetivos que uno pueda tener acerca de la lengua extranjera (que, por razones obvias, son fundamentales), lo más importante es el dominio de los mecanismos de enlace, el equilibrio de cargas semánticas, la fuerza expresiva de los textos, bla bla bla... es decir, la interpretación. Para interpretar bien una lengua extranjera –al igual que para escribir (interpretar la realidad) o tocar un instrumento (interpretar una composición musical) con cierta gracia– hace falta practicar con regularidad. Aunque ya se ha dicho que eso no es garantía de nada. Recurriendo a profesionales simplemente se tienen mayores oportunidades de recibir un trabajo bien hecho. La otra condición es rascarse el bolsillo y estar dispuesto a pagar tarifas dignas. Nunca será lo mismo un don Simón que un tinto gran reserva Ribera del Duero, que un Puelles segundo año de la Rioja Alta(1), a pesar de que todo esté hecho a base de uva. Y la diferencia se paga. Ya sabes como reza el eslogan: In God we trust, for everything else bring numbers!

(1) Nota de la traductora: esta botella la tengo en casa, y como no soy rencorosa, te invito a que nos la tomemos juntos y sigamos discutiendo sobre agencias piratas, intermediarios cicateros e intrusos ineptos que afean el sector.

2:49 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¡acepto!

2:54 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

He aquí un ejemplo tronchante que se produjo en una sala de doblaje, doblando una película francesa: la pantalla mostraba un grupo de personas alrededor de una mesa de comedor. Uno de ellos dijo "que traigan el alimento". Acto seguido una mujer trae un tierno bebé. ¿Alguien sabe la respuesta al enigma?

7:20 p. m.  
Blogger EnirtaC said...

le nourrisson

8:54 p. m.  

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