noviembre 03, 2006

llueve. y se aleja, regato abajo, el fantasma de la sequía, heraldo siniestro del más rancio costumbrismo mesetario, de las moscas que abrevan en el lagrimal de los niños exhaustos, del olor a pies y a sudor, del polvo como un sudario alergénico. se aquieta el espíritu, agitado, estos últimos días, por las amenazas de la ministra narbona, ama dómina de la conciencia nacional-ecologista. llueve. tentado me siento de salir desnudo a bailar sobre los charcos, como en esos rituales primitivos en los que el gasto por agua corre por cuenta de dios padre o de la madre naturaleza.
del sueño edénico me despierta, de golpe, la pesadilla del titular: "tendría que llover durante 70 seguidos para...". siento, en el cogote, el hórrido aliento del fantasma...