la ministra narbona ha lanzado al aire la propuesta de castigar a todo aquel que muestre mayor esmero en la limpieza de lo que es debido. imagino que su argumento se basa en pormenorizados estudios dermatológicos, de esos que recomiendan proteger la piel de la agresión del agua y el jabón. con 60 litros por persona y día, el español, en sus diferentes vertientes nacional-históricas, tiene más que suficiente para satisfacer sus necesidades de aseo y consumo. por encima de esa cantidad, aflora el hedonismo, que conduce fatalmente al vicio y a la relajación de costumbres.
lo que no está claro, caso de que prospere la iniciativa, es si se tendrán en cuenta ciertos aspectos atenuantes, como el hecho de que el propio domicilio haga las veces de oficina, por ejemplo; que el usuario viva en un lugar caluroso y polvoriento, sufra problemas de piel que exijan duchas recurrentes, véase baños prolongados; padezca alguna neurosis, de esas que te empujan a lavarte doscientas veces las manos al día, o, simplemente, pase tanto frío en invierno (es lo que suele ocurrir en las casas viejas con problemas de aislamiento) que una ducha de agua caliente constituya, para su propietario o inquilino, el único modo de no terminar, al cabo del día, contraído como una pastilla de starlux, o como una momia alpina.
ante semejante panorama, corren riesgo, las compañías de agua, de que se les saturen los servicios de atención al cliente (¿lanzarán al mercado, las compañías de seguros, algún tipo de poliza para hacer frente a las demandas por exceso en el consumo?)
el coro de los verdes, siempre listo a la hora de escarmentar al rebaño, ya ha dado la bienvenida a las medidas redentoras de la ministra, y entona a capella la zarzuela del otoño: "en gambia, se bastan y sobran con 40 litros al día". me asombra gratamente la capacidad de ahorro del ciudadano medio gambiano, pero, sinceramente, estoy lejos de envidiar su suerte. y, desde luego, en nada deseo que mi vida se asemeje a la suya. tampoco será cosa de recordarles a los verdes autóctonos que, si es cosa de comparar y equiparar, sus homólogos africanos suelen llevar muy mala vida en sus respectivos países.
lo irritante de todo esto es que el mayor despilfarro de agua que se produce en este país corresponde a los cultivos de regadío, a la obsolescencia de las tuberías que pierden hasta un 70% del agua que trasladan (seguida, en orden de importancia, por la furia urbanizadora que amenaza con solar hasta los ríos). pero cambiarlas es tarea que exige inversiones millonarias y la voluntad, política, de acometer la racionalización de los cultivos. y hasta el momento, nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato.
será porque, después de todo, resulta mucho más fácil amenazar a los ciudadanos con el castigo. y pasar la gorra, claro, entre la grey debidamente culpabilizada.
uno es partidario de todas las medidas de ahorro (en mi caso, hasta he renunciado a los baños con velas en mi magnífica bañera -instrumento irresistible de seducción-, pero lo de cortar el agua mientras me ducho, por ahí no paso. como mucho, me comprometo a enjabonarme a doble velocidad y a evitar los malos pensamientos) que los distintos organismos del agua se empeñan en recordarnos. entre otras cosas, porque me resulta insoportable la actitud de nuevos ricos que, de treinta años a esta parte, exhiben mis conciudadanos. pero, entre el despilfarro y el como se pase un litro me las paga, hay un largo trecho. y es que es lo que tienen los boys (& girls) scouts. que son maja gente de entrada pero, como se te ocurra llevarles la contraria, les sale, cual siniestro reverso, el otro lado del talante, el del batallón disciplinario.

1 Comments:
propongo ducharnos en masa (obviamente desnudos) aprovechando el riego de los campos de golf o del parque del retiro.
siempre nos quedará revolcarnos por el césped. ¿salen bien las manchas de clorofila de la piel? ¿me oxidarán los tatuajes?
escribiré a la ministra.
Publicar un comentario
<< Home