uno no se entera de nada. un mal hábito que, con la edad, se va haciendo más y más irreversible (sé que resulta triste pero, remedando a la santa, diré que vivo sin vivir fuera de mí). hace ya veintiún meses que se suicidó una de mis actrices favoritas, de esas que más alegrías te dan y más penas te quitan, y yo, sin saber nada, viéndola, alguna que otra noche, en los vídeos locos que emiten en alguna de esas cadenas de nueva hornada en las que, por el día, te saca la pasta una echadora de cartas calva y, por la noche, unas amables jovencitas te quitan las legañas, entre anuncios de insomnes en busca de calor humano. como los programadores son gente sin imaginación, me bastaba con pulsar, siempre a la misma hora, la tecla de encendido, las noches en que precisaba espiritual consuelo, para caer sobre el vídeo en el que la preciosa karen hacía lo imposible por verme feliz. cierto que, en mi vasta videoteca, guardo momentos harto más memorables de ella, pero siempre te produce una cálida sensación de seguridad y confianza el hecho de que las cosas ocurran en el momento en que tienen que ocurrir. podría decirse lo mismo del telediario, por aquello de que acontece todos los días a la misma hora, pero lo que ofrece en puntualidad, lo malgasta en contenido. en cuanto al hecho de que siempre fuera el mismo vídeo, qué puedo decir, sino que la pornografía, como cualquier otro producto basado en la fantasía (los cuentos de hadas, las novelas de espionaje, la publicidad de detergentes o los libros de autoayuda) se basa en el déjà vu, para mayor disfrute de sus adeptos. de todas formas, qué más da, karen acababa siempre por convencerte de la novedad de su propuesta. con su simpatía, su mirada retozona e intensa y su capacidad de entrega.
cuentan las crónicas que había terminado asqueada de la fauna del cine X -en el que ella entró, en un gesto de amor, no exento de morbo, para salvar de las deudas a su querido marido (el mito de la sacrificada esposa-novia-amante, dispuesta a lo que sea por su hombre; esa fantasía femenina recurrente). y en el que optó por quedarse una vez que aquél se dio de baja (ese mito de la fantasía masculina: la viciosa). no me extraña. todo, entre bambalinas, huele siempre peor de lo que alacanzamos a imaginar desde la butaca. le ocurre al cine porno, es casi obligado, pero también al oleaginoso mundillo de la poesía lírica. ese inefable olor a excrementos y a azufre que caracteriza la actividad humana y del que tratan de preservarnos las pantallas de plasma y las páginas culturales de los diarios.
la biografía que, de ella, publica la indispensable wikipedia, comienza como una novela de zola: "après une enfance passée dans la campagne lyonnaise...".
su destino, sin embargo, es digno de una heroína de stendhal: "Karen Lancaume se lance dans le X en 1996 pour tenter de résoudre de graves problèmes financiers. Elle pose comme condition de ne jamais tourner qu'avec son mari. Mais au milieu du film celui-ci est victime d'une « panne » et Karen doit terminer la séquence avec un autre partenaire."
el marido, pobrecito, no lo soporta (no sé si la "vergüenza" del gatillazo o el hecho de verla en brazos de otro, el rematador para más inri) y la pareja se rompe. al cabo de los años, la heroína se suicida.
final flaubertiano: "Karen Lancaume était une fille simple."
tenía 32 añitos.
avergonzado por mi desidia (era una de mis favoritas), me he comprometido a rendirle sentido homenaje, un día de éstos, con una amplia selección de sus escenas más cautivadoras. ceremonia a la que estáis todos y todas, que estas páginas leéis, invitados.


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