esta vez, se levantó (qué remedio, después de todos estos años acudiendo a la puerta de la casa del gran jefe para que no te reciba ni el chico de los recados. buscando el modo de llamar la atención, mediante el tortuoso recurso de hacerse amigo de los archienemigos del gran jefe, sin lograr otra cosa que agravar la falta inicial, ese pecado de chulería castiza del enano matagigantes, esa actitud invariable de político de pueblo con pretensiones). pero, queda el gesto. involuntario, mecánico. la cabeza que se gira al paso de las barras y las estrellas, como para no mirarla, pero sin el como. otra vez la chulería. irredenta. la rebeldía, sempiterna rebeldía.
rebeldes... gente comme il faut.
-¡Soy un rebelde! -grita el payaso acomplejado de chávez, feliz de haberse conocido antes que nadie, ante el aplauso entusiasta de sus conmilitones. rebelde como su padre putativo, don fidel y ese modelo de niñatos, don ernesto. juventud rebelde...
lo gracioso es que a los sublevados de julio del 36, todas esas gentes de bien, de izquierdas, celosos gerentes del monopolio de la verdad histórica, los sigan llamando rebeldes. a mí, qué quieren, me confunde el ánimo. a fin de cuentas, ¿está bien ser rebelde o no? ¿en qué quedamos?
¿será por eso que don fidel no para en elogios a don francisco mientras pone a caer de un burro a los presidentes de gobierno españoles que después han sido (incluido el botarate de león)? está, negro sobre blanco, en el libro (por llamar de algún modo ese compendio del disparate elaborado a base de corta y pega) del ínclito ramonet.
uno, que ha dejado de entender nada hace mucho, se refugia en la lectura de don federico. eso de la voluntad de poder aclara mucho las cosas y te proporciona el argumento definitivo, al tiempo que destruye cualquier atisbo de fe o de esperanza que pudiera ser depositado en la gestualidad mecánica y adolescente -circense- de los próceres.
-----------------------------------------------------------
dice k., con toda la razón y cierta dosis de amargura, que la política nos va pudriendo el hígado. yo me voy quitando, la verdad. de hecho, hasta me he puesto a pintar de nuevo. vuelta la mirada hacia adentro, siento el vértigo, a cuya cita me he logrado sustraer durante los últimos quince años, que me ronda, morena, de nuevo. será cosa de cerrar los ojos y apretar los dientes y dejarse ir. para un viaje, quizás, sin retorno. lástima que no pueda disfrutar, querida k., del sonido de ese piano que te endulza las tardes y facilita el viaje de regreso al hogar. en mi caso, el chirriar de las máquinas de la cerrajería de enfrente se asemeja más a un boulez librado a sus propios demonios... matar al cerrajero podría ser otra forma de expiación. tengo que pensarlo.


1 Comments:
Matar al cerrajero, convéncete, no sólo es la única forma de expiación, si no que es un acto de amor a la humanidad que deja a Teresa de Calcutta a la altura de un poroto. Mi padre siempre dijo que debía haber estrellado el avión en el que una vez tuvo que llevar a Fidel. Ves, es cierto que hay crímenes que pagan... Besos, mon gros.
Contente de te revoir.
Publicar un comentario
<< Home