octubre 30, 2006

En una cena, alrededor de una mesa bien servida, sobreviene una de esas discusiones imposibles que la falta de conocimientos de los improvisados contertulios corre el riesgo de relegar al nivel de charleta -o bronca, de no haber consenso-, de taberna. d. sostiene, con un tono afirmativo rayano en el delirio, y bajo la aprobadora mirada de la mayor parte de los comensales, la superioridad de la república respecto de la monarquía como forma de gobierno. tema novedoso, éste, que nos traslada, de golpe, a la época de sulla, césar y augusto y transforma nuestros inocentes brindis en libaciones de marcado tinte conspiratorio. sólo nos faltan las togas y las espadas en alto, al estilo en que la iconografía republicana nos ha legado la imagen de bruto y sus compinches, para completar el cuadro. uno, que con la edad se va volviendo más y más cauto al oír el ladrido de los perros, y da por perdidas, antes siquiera de entablarlas, muchas batallas inútiles, duda entre seguir hundiendo el hocico y los sentidos en su copa de vino, aprovechar la coyuntura para desaparecer rumbo al retrete o entablar un desganado flirteo con la vecina de al lado. pero, como en todo, no puede evitar la irritación que le causa la unanimidad beocia del público y siente el ronroneo de su daimón particular que se despierta, ávido de sangre y juego. dejando de lado toda referencia a los clásicos -por no convertir la cena en un farragoso monólogo-, me limito a señalar, para sorpresa de casi todos, mi predilección por la monarquía como mal menor. a las explicaciones que se me exigen -y digo bien: exigen-, respondo con un simple comentario: en un país roído por la envidia, en la que cualquiera se considera, no mucho más capaz, sino con muchos más derechos que nadie para ejercer las más altas funciones, todo cristo creería ser el legítimo aspirante al puesto de presidente de la cosa. por encima de cualquier otro y, sobre todo, contra cualquier otro. desde mi punto de vista, lo más sensato, para el bien de todos, es dejar semejante responsabilidad entre las manos de un profesional bien pagado y dedicarse a otros menesteres.
desgraciadamente, los asistentes a dicha cena, gentes llenas de buena voluntad y talante, de esas que se siguen llenando la boca con los términos pueblo ("a ver cuándo dejamos de ser pueblo para llegar a ser ciudad", o sea, ciudadanos, que dijo aquél), soberanía popular y tantas otras sandeces adolescentes, no se conforman. y, así, la situación, en lugar de quedar en un honroso reconocimiento de posturas divergentes, degenera en riña. a los transportes líricos en favor de la idílica república (sólo hemos tenido dos por estos lares y a cual más desastrosa. de ahí la idea, sin duda, de que a la tercera va la vencida, frase apocalíptica en cuya literalidad no insisto), suceden los insultos a la figura del monarca -como si a mí me fuera algo en ello-, y el consabido sé de buena tinta que precede a la enumeración de toda clase de supuestas fechorías que cabría imputarle al mismo (robo, nepotismo, etc.). la iconografía antimonárquica, como la anticlerical, no ha evolucionado mucho a lo largo de los siglos (prueba de la falta de imaginación de los fiscales del caso) y, a su sombra, las figuras de los presidentes de república aparecen como modelos de virtud y bondad burguesas, otras tantas estatuatillas de san josé de cupertino. bastaría con echar un vistazo a los periódicos para comprobar hasta qué punto semejante pretensión es infundada (y ni siquiera me refiero a ese tipo de repúblicas chapuceras que proliferan por buena parte del mundo. con los ejemplos de mitterrand, chirac, bush, putin o el chino de turno, por citar sólo ejemplos contempóraneos, bastaría. por el contrario, una ojeada a las monarquías europeas que perviven, las nórdicas sobre todo, muestra bien a las claras la diferencia -a favor de éstas-, como insiste en recordar k.). en cualquier caso, a uno le sigue extrañando la visceralidad que suscita el tema y sospecha que, lo que late en el fondo de la disputa (ah, malditas filosofías de la sospecha), es el insoportable sentimiento de frustración que genera la pregunta: "pero, ¿por qué no yo?". una ambición oculta en cada uno de nosotros, y hábilmente transmutada en sincera preocupación ciudadana, que la existencia de la monarquía torna imposible de realizar pero que cobra nuevo aliento en la perspectiva de un devenir republicano. de hecho, si nuestro monarca creía estar asistiendo a una jugada excepcional mediante el matrimonio de su hijo con una plebeya, le fallaron por completo los cálculos. decenas de miles de mujeres se siguen preguntando, mientras arrastran por el suelo, en peluquerías o en las aulas de la universidad, el nombre de la futura reina, por las razones para haber escogido a semejante pieza (en lugar de unirse a una de su clase, a ser posible gorda y fea), cuando cualquiera de ellas vale tanto o mucho más que la elegida. de lo que se acaba deduciendo que todos los esfuerzos reales por acercarse al respetable son baldíos y que las únicas opciones que le quedan, a la larga, al monarca, consisten en encerrarse en la consabida torre de marfil (al estilo de la prima isabel) o tirar la toalla y retomar la senda del exilio, como el abuelo.
mientras apura su copa de vino, uno, que a medida que se hace mayor, va considerando la revolución francesa como un disparate de nefastas y muy prolongadas consecuencias, y siente tanto mayor aprecio por the british way of politics, a pesar de sus defectos, se pregunta qué sentido tendrá toda esta palabrería y si no sería mejor quitarse la ropa y acabar todos follando, jaleados por el animoso baco, siempre tan dispuesto a la disipación y el fornicio. idea simple, es cierto, pero con mucho fundamento, más allá de su aparente frivolidad. porque, cuando el pensamiento anda espeso, siempre es mejor dejar que hablen los cuerpos y que el exceso alivie la presión de los humores contenidos. la expresión de virtud republicana ofendida de d. y de sus amigos disipa, empero, cualquier esperanza en ese sentido.

4 Comments:

Blogger EnirtaC said...

ahhhh. merci.

6:40 p. m.  
Blogger kamahoahoa said...

un simple comentario de pseudointelectual trasnochado. estoy de acuerdo con lo de follar pero que venga leticia (con coletas y minifalda) que tiene mucho morbo.
por cierto, yo soy (no tengo la ideología, es mi esencia) republicano. a ver si te llamo un dia de estos y nos insultamos.
abur

2:54 a. m.  
Blogger jorgeoliver said...

si es que el fondo, querido amigo, eres persona virtuosa. de ahí tu republicanismo de corazón. yo, que soy un esteta decadente de la peor especie, opto por las monarquías, a ser posible por derecho divino y en declive, que dan mucho más juego. la república, ya se sabe, manda a las mujeres a la cocina y al paritorio. yo prefiero jugar con ellas, "entre las ruinas de mi inteligencia". a lo mejor, todo consiste en escoger un tipo de gemido u otro.

3:41 p. m.  
Blogger jorgeoliver said...

si es que el fondo, querido amigo, eres persona virtuosa. de ahí tu republicanismo de corazón. yo, que soy un esteta decadente de la peor especie, opto por las monarquías, a ser posible por derecho divino y en declive, que dan mucho más juego. la república, ya se sabe, manda a las mujeres a la cocina y al paritorio. yo prefiero jugar con ellas, "entre las ruinas de mi inteligencia". a lo mejor, todo consiste en escoger un tipo de gemido u otro.

3:41 p. m.  

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