debería de amarrarme a la silla y no levantarme hasta haber escrito algo, unas líneas que permitan disipar el estado de abandono el que tengo sumidas estas páginas. se quejan, con razón, sus escasos lectores. pero la vuelta al cole es siempre un momento delicado, marcado por el desasosiego que alimentan la luz menguante y la hojarasca amarillenta que se arremolina a nuestro paso. ¿otro año igual? ¿habrá algún cambio? ¿qué cabe esperar de la monótona sucesión de los días? uno contempla con apatía los libros a medio leer, amontonados junto al sofá y a un lado de la cama. los textos que no terminó de escribir durante el verano y que confía vagamente en rematar antes de que acabe el año. la lista de películas que ver. sin confianza ni fe, fiel reflejo de la imagen del ángel de la melancolía, retratado por durero. lo gracioso es que, a pesar de todo (uno sigue siendo un animal sensible a los cambios de luz y de estación), me encanta el otoño.
un regalito para mantenerse en forma:

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