"ser masoquista y ser víctima son cosas distintas, opuestas incluso. la víctima es forzada a la pasividad en contra de su voluntad, mientras que el masoquista crea una situación muy controlada que incluye la esclavitud y la pseudodominación. a veces, las feministas emplean el término 'masoquista' como muletilla denigrante para aludir al 'tipo de mujer que coopera con el patriarcado'. ahora bien, la subordinación de la mujer no puede atribuirse al masoquismo, y esas mujeres subordinadas quizás estén respondiendo a la violencia generalizada (...) aparentando que cooperan, cuando, en realidad, lo hacen obligadas". (anita phillips, una defensa del masoquismo).
imposibilidad manifiesta, pues, del popular monstruo de dos cabezas, denominado sadomasoquismo por una literatura médica poco exigente (y generalizado por una cultura temerosa que todavía lo es menos). o se es sádico -y se disfruta haciendo sufrir a quien no desea padecer lo más mínimo- o se es masoquista. y, en este caso, hablamos de un tipo de placer ligado tanto a la experiencia personal y compartida del límite, como al pacto que la ordena, la hace posible. el sádico es un torturador, el masoquista, un gourmet. las víctimas reales no suelen gozar de casi nada; al margen, claro está, del alivio que suscita el castigo en sus psiques torturadas por la culpa. pero alivio, convengámoslo, no es realmente placer.

2 Comments:
después de hablar con vosotros en la ser,me he ido a la playa a comerme unas sardinitas con albariño, así que no estoy muy fresca, pero sí que alcanzo a pensar que hay bastantes mujeres que se regodean en su masoquismo porque les permite hacerse las víctimas, recurrir con ello al chantaje emocional del "tú me has hecho daño y, para repararlo, lo único que puedes hacer es dorarme la píldora y esforzarte para compensarme".
lo cual no deja de ser una forma de aprovecharse de los demás, de su sentimiento de culpa, y de llamar la atención. pero, además, también hay mujeres que parecen masoquistas por aguantar a hombres crápulas, cabrones, desalmados, inseguros, adictos a lo que sea con tal de evadirse, etc. Dicen que lo hacen por amor, por salvarlo a él, cuando en el fondo creo que lo hacen por sentirse útiles y necesarias, por asegurarse de que él depende de ellas para sobrevivir y, por tanto, se lo pensará mucho antes de dejarlas.
Si nos atenemos a qué la intención es lo que cuenta, ¿quién es sado y quién es masoca?
un placer conversar contigo.
Elisabeth
en realidad, ésa es la razón por la que he hecho una neta distinción entre las víctimas -y sus émulas, las victimistas, con su predilección por el chantaje emocional y su capacidad de transformación en vedugo- y los y las masoquistas. el verdadero masoquismo, tal y como lo definió von sacher-masoch, reside en un pacto entre iguales. un pacto que había de permitir la exploración, con garantías, de los límites del placer personal. nada que ver, pues, con la imagen popular del o de la masoquista, pobre gente que se deja maltratar porque no es capaz de hacer otra cosa o porque trata de comprar voluntades por medio de una sumisión que no siente. por eso digo que el masoquista es un gourmet. conoce los ingredientes y la elaboración del plato que más le gusta. disfruta con ello y con la lealtad de la persona a la que se halla vinculado por el pacto. una precisión más: masoquistas, los hay de dos clases, de tendencia dominadora y de tendencia sumisa. incluso pueden intercambiar sus roles. porque, ante todo, se trata de un juego. lo que no ocurre en el oscuro mundo de las supuestas víctimas y de los supuestos verdugos.
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