"en todas las cosas que afectan nuestro bienestar y malestar, nuestras esperanzas y temores, hay que poner riendas a la fantasía. (...) las cosas que afectan nuestro bienestar y malestar sólo las tenemos que tratar con la capacidad de juicio (...), con la reflexión sobria y fría; no debemos dejar que la fantasía se acerque a ellas, porque no es capaz de juzgar; sólo nos muestra una imagen y ésta emociona el ánimo inútilmente y, a menudo, de manera penosa", escribe schopenhauer, en el arte de ser feliz.
entretanto, yo salgo de la primavera para adentrarme en el verano, como alma que lleva el diablo. hace ya diez años que mi padre optó por decir adiós con el sombrero en la mano. husmeo el aire por ver si siento algo así como su presencia aleteante en mi derredor. pero no percibo nada, al margen del aire reseco y rancio y el agotamiento crónico que el calor y el poco dormir me van dejando en herencia. ¿será que tengo embotados los mecanismos ultrasensoriales (los sensoriales funcionan a la perfección) o que no soy del género permeable a los fenómenos de autosugestión? mi padre no está, es un hecho (y yo no soy príncipe de dinamarca). si estuviera, a pesar de todo, y no lograra yo percibir su presencia, el resultado de la ecuación sería el mismo. dejemos, pues, a los muertos vivir su muerte y ocupémonos de los vivos. sin demasiadas fantasías, a ser posible.

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