paso la tarde agonizando sobre mi cama, tras el inenarrable viaje en metro que me devuelve a mi hogar. imposible respirar. cada día estoy más y más convencido de que debería de haber nacido en un recodo, apacible y verde, de un fiordo noruego. entonces, ¿por qué aquí, en esta ciudad dejada de la mano de dios, antesala del norte de áfrica? ¿dónde está el error? veinte grados es la temperatura del edén. sin duda, esto es el erebo.
"el calor es de pobres", suele decir mi madre, con irritante displicencia. pero, mise à part la falta de sutileza, ¡cuánta razón tiene!

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home