parece claro: este año no habrá playa en junio. el estado de mis finanzas no me permite muchas alegrías y me obliga, por el contrario, a consagrar mis esfuerzos a aspectos tan tediosos de la vida productiva adulta como el trabajo -sin excesos, eso sí- y el ahorro. la pesadilla de junio en madrid va tomando cuerpo. mi única esperanza es que, al igual que los judíos que a fuerza de repetirse los unos a los otros la célebre jaculatoria del éxodo: "el año que viene, en jerusalem", lograron, por fin, hacerla realidad; igual, yo, me repito a mí mismo, a todas horas, mi propio pliego de intenciones: "el año que viene, fuera de madrid", a ver si se cumple de una vez (no conviene olvidar, empero, que los judíos tardaron dos mil años en conseguirlo. confío en que lo mío resulte más sencillo y, sobre todo, más a corto plazo). everywhere, out of this world. aunque, la verdad, everywhere no. me niego, por ejemplo, a dar el menor paso en dirección al sur. una buena opción sería la de ir escogiendo parcela en el artico, pero resulta prematuro. para cuando se transforme en un vergel -lovelock dixit- un servidor estará criando malvas.
como todo este asunto me produce un profundo desasosiego -agravado por el estado de gravidez de la luna-, mejor lo dejo aquí, a la espera de la llegada del ángel cargado con la respuesta. entretanto, la espada flamígera del dios de la cólera eterna se yergue ya sobre mi cabeza y sobre las de casi cuatro millones de sudorosos conciudadanos. se abrirán las puertas del infierno y, de las oquedades de la roca, brotara, pestilente, sulforoso, el aliento de la bestia. ¡que el dios de la misericordia se apiade de todos nosotros!

para mitigar el desconsuelo, me ofrezco el parco homenaje de esta foto. delicioso verano de mis tres años, en el que, armado con mi cámara de gusano (aquel ingenioso invento de plástico, gomas y alambre que salía proyectado al apretar el disparador), y mi provocativo bañador rojo, recorría la playa en pos de las bellezas del lugar. algún éxito alcancé entre las quinceañeras. después de todo, la gracia y el salero son el as en la manga de los bajitos.

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