mayo 09, 2006

"no puedo soportar", dice l., "a esa gente que habla o escribe obsesivamente acerca de su sufrimiento. el dolor como tema recurrente, insuperable. pienso en issa que, al final de su vida, acosado por las desgracias (muertos su mujer y sus cinco hijos, incendiada su casa y teniendo que vivir en un almacén sin ventanas), se compara a un caracol."
no he encontrado el poema del caracol. pero éste bien podría servir a tal propósito:
"cuando me vaya,
saltamontes que heredas
mi tumba, guárdala".
o este otro:
"ya que me voy,
jugad al amor, moscas
de mi ermita."
el autocompadecimiento como impostura. narciso en el espejo. después de todo, los ombligos sólo resultan interesantes como accidente biográfico del cuerpo desnudo.
amables y deliciosos ombligos que, en la primavera, de entre la tela afloran.
"no lloréis, bichos,
que sufren desengaños
hasta los astros."