
domingo por la tarde. lo más saludable sería, sin duda, que estuviera dándome un buen paseo para aprovechar este buen tiempo, apacible y cálido, que no durará, en lugar de estar sentado ante un ordenador, redactando estas líneas del todo prescindibles. después de todo, me he pasado el fin de semana encerrado en casa, entre maderas, taladros y tornillos, con el único fin de acabar la cuna del ya-no-tan-pequeño max que lleva un mes durmiendo con los pies fuera del cesto y en diagnonal. un poco más y, en vez de una cuna, lo más sensato hubiera sido construirle una cama de matrimonio. mi piel tiene un color que varía entre el blanco roto y el amarillo ceniciento y un poco de aire no me vendría mal pero estoy demasiado cansado para pasear por ahí fuera, entre coches y ese populacho al que no disuaden ni el calor ni el frío. "mejor", pienso "me doy un oreo por los blogs de los amigos". para constatar, infortunado de mí, que ninguno parece estar cumpliendo con sus obligaciones. la mayoría llevan casi una semana sin ofrecer nada nuevo que echarse al coleto. mal asunto. tarde de domingo.
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en una página de periódico toda arrugada, fechada hace un par de semanas y que ha servido para envolver unos vasos comprados en el chino de la esquina, me entero (maldita manía heredada de leer cualquier trozo de papel impreso, por pequeño que sea) de que medio ambiente vigilará, por medio de satélite, las actividades de los pirómanos. curiosa noticia. me sorprende la necesidad del ministerio de poner sobre aviso a los amantes del fuego en bosque ajeno. dado que es un gremio integrado por mucho narcisista -también por mucho recalificador de terrenos, pero no es el caso que más me interesa-, imagino que estarán sus miembros encantados con la medida ministerial. a más de uno, incluso, le hará gracia eso de levantar la mano del mechero y sonreír al cielo, segundos antes -o segundos después- de que arda el monte.
en finlandia, que es un país muy civilizado, no hace tanto que todo aquel que osare cortar un árbol iba derechito a la horca. soy de la opinión que ese tipo de leyes no deberían ser derogadas. al contrario, resultan del todo edificantes. el recalificador de terrenos se lo pensaría dos veces y el tarado con ansias de celebridad tendría su minuto de gloria colgando de una soga (habrá quien piense que ese mismo tratamiento debería ser dispensado a los que maltratan y asesinan niños y no seré yo quien manifieste su desacuerdo. pero, mirando el asunto con frialdad suficiente sería justo reconocer que cada año que pasa hay más niños y menos árboles. y los niños, al margen de todas sus gracias y virtudes, ni dan sombra ni proporcionan oxígeno). aunque, bien mirado, resultaría más lógico (siguiendo la lógica antiquísima de que el que a hierro mata, a hierro muere) que, mejor que a la horca el infractor fuese condenado a morir en la hoguera, empleando en su ejecución, como prueba de que no nos anima un espíritu sádico o de venganza, parte de la madera quemada previamente por él (y no madera verde como la que un tribunal ginebrino mandó utilizar, a instancias de juan calvino, para prolongar la agonía de miguel servet).
bien pensado, creo que debería salir a dar una vuelta.

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