mayo 11, 2006



dando muestras de mi legendaria habilidad al volante (para compensar tanta obviedad como he largado hace apenas unos instantes). lo gracioso es que esta insólita imagen fue el resultado de un ingenioso trueque. un niño aceptó entregarme su kart a cambio de mi cubo y mi pala de plástico. lamentablemente, la operación no pudo llevarse a término por la intervención de los adultos aguafiestas que, raudos, acudieron a poner orden (¿por qué?, me pregunto. ¡si el niño estaba feliz con su cubo y yo también!). luego, eso sí, se pasan la vida reprochándote que carezcas de iniciativa y de ambiciones (empresariales, claro).