abril 15, 2006

un solo adjetivo resume el panorama -agreste- del cine español: insoportable.
irrelevante resultaría válido, también.
vacío.
pretencioso.
fatuo.
inconsistente.
inane.
cutre.
...
diferentes aspectos de lo mismo. sinónimos.
las causas son variadas pero convergentes:
a) una industria desmantelada, en los setenta, con el incuestionable fin de parecer (que no de ser) modernos.
b) la soberbia de directores indocumentados, embebidos del mito afrancesado del auteur. todos ellos muy nouvelle vague, pero sin un ápice de la cultura literaria y cinematográfica (y de la educación general básica) de aquellos llamados a ser los modelos a imitar (de nuevo la apariencia. tradición barroca en la que lo hispánico cree renovarse, y sólo se reboza. en cualquiera de sus variantes, incluidos el disegn y el guggenheim).
c) generaciones de actores estúpidos y aquejados de una alarmante falta de preparación. mientras sus colegas británicos se curten en las filas de la royal shakespeare company, aquí se complacen haciendo monerías en "al salir de clase" y series televisivas del mismo tenor. vanidad (alimentada sin descanso por los medios de comunicación), estulticia (adobada por la carencia de criterio y del concepto de trabajo bien hecho). falta de profesionalidad. características, todas ellas, de quien no cree necesario aprender y mejorar mediante el esfuerzo.
d) la ausencia de directores de actores. en gran medida por la ceguera interesada de los realizadores, incapaces de comprender que una película es el resultado de un esfuerzo colectivo, no de una paja mental. la prepotencia barroca, trentina, platónica, de quien está convencido de que una idea (su idea, claro) es siempre superior a su realización (y mucho más, todavía, a la interpretación que, de ella, hagan los profesionales encargados de llevarla a cabo). así, se despide sin más al director de actores porque uno teme que sepa demasiado (y le haga sombra. el fantasma de la sombra. un mito más antiguo que el don juan).
e) la ausencia de guionistas cualificados (¿para qué se necesitan, si ya se escribe, el directorucho de turno, él mismo el guión?). así, las historias romas, centradas en el ombligo del señor director de la nada. perfectamente prescindibles. sin el menor interés.
f) la presencia de infaustas (e infaustos) gurús, por lo general de procedencia argentina, que, con sus academias de artes y espectáculos, han acabado con cualquier esperanza de lograr sacar, un día, al cine español de tres décadas de inercia y decadencia.
g) la caterva de productores (con la notable excepción de e.q.), empeñados, exclusivamente, en llenarse los bolsillos mediante producciones subvencionadas al cien por cien por administración y televisiones, que no arriesgan nada y se limitan a cubrir el expediente, contando, para ello, con unas caras bonitas y los amiguetes (director y guionista).
h) la concurrencia de un público tarugo, educado en la cochambre (del no gusto, del no pensamiento, de la no imaginación, del chiste de sal gruesa, ad nauseam), que gusta de ir al cine en parte para verse reflejado en aquellos tarugos, como él, que representan su papel en la pantalla; en parte, para sentirse superior a ellos y confirmar, en ambos casos, sus elecciones vitales.
i) el costumbrismo. mesetario o pijobarcelonés, que tanto monta.
j) y, at last but not at least, el desprecio de lo americano ("yankis go home") como (santo y) seña de identidad prioritaria y amalgama certera de directores y actores variopintos. El aquí no tenemos tantos medios pero lo hacemos mejor, porque para ello ponemos el corazón (y no la cartera). la coartada, clásica, del acomplejado.
que semejante cine haya podido recibir premios internacionales, incluidos varios óscars, sólo prueba una cosa: que, fuera de casa, no hablan idiomas (peor aún: es la prepotencia xenófoba de quien ve con buenos ojos que otro que él haga el ridículo. exotismo lo llaman. esos mismos que nos imaginan, todavía, cantando y bailando todo el día alrededor de la hoguera).