tarde primaveral. hacía calor en el retiro, entre corredores sudorosos, parejas retozonas y madres lectoras de banco de madera rodeadas, acosadas, ignoradas por sus tiernos retoños. dentro de nada podré venirme a ligar, debidamente armado, con el pequeño max bajo el brazo. visten mucho los hombres con bebé adosado. esa sensación de seguridad y de confianza en el futuro que dan los padres de nuevo cuño. esa fe ciega en el producto de su ser, su semillita. pasearse con el bebé resulta, sin duda, más eficaz que pasear a un perro, que, a su vez, resulta más eficaz que pasearse a uno mismo sin traílla ni bozal. malo del que vaya suelto -no el perro, sino el hombre. como el animal salvaje. de ojos inyectados en sangre. sus fauces retráctiles esconden mortíferos colmillos y un insaciable apetito de carne fresca. o eso, o es que tienden a cruzar de acera. en suma: pervertidos.
una mujer sola: una anomalía de la naturaleza. una no querida. abandonada, resentida. solterona. rarita. irrecuperable.
no avanzan mucho las mentalidades, no. aporta solaz al espíritu el comprobar cuán rancias las esencias son. y con cuanto brío y tenacidad se mantienen a pesar de los embravecidos cambios de orientación del viento.
no importan el viento ni su color. importan los pilares, bien asentados en la entraña mesetaria que nutre nuestro cerebro de reptil.
importa, sobre todo, nuestro soberano rechazo -digno y fiero- a los placeres y a sus días.
mañana, día 14: día festivo del capitalismo sentimental. como en el caso de los pilares, lo que cuenta es -siempre, desde siempre- la solidez de nuestras inversiones. no el derroche alegre y desconsiderado -en definitiva: obsceno- sino el castizo y parco sentido mercantil.
pero, eso sí: envuelto en papel de regalo, ¡todo mal trago sabe mejor!
tampoco me va el papel de agorero bilioso. que cada cual se las componga como buenamente pueda. no hay más vida que ésta, lo nieguen agamenón o su porquero (o dios y su profeta).


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