febrero 06, 2006

si arde tu casa, escupe contra el viento


max, carita de rana.

"Hoy, la industrialización del mundo, el Estado totalitario y el egotismo materialista han puesto fin a la amistad; la primera mediante la aceleración del tempo de la comunicación humana hasta el extremo de que ya nadie es indispensable; el segundo, cargando de tales exigencias al individuo que la camaradería solamente es practicable entre colegas y entre obreros mientras dure el tiempo en que es necesaria su mutua cooperación; el tercero y último, realzando todo aquello que sea fundamentalmente egoísta y mezquino en el hombre, de tal manera que seremos desabridos con nuestros amigos y estaremos resentidos por su intimidad a causa de algo que ha empezado a pudrirse en nuestro interior. Hemos desarrollado la simpatía a expensas de la lealtad."
esto escribía cyril connolly en 1944. ¿qué ha cambiado desde entonces? por lo pronto, ya no queda ni simpatía.

lealtad hacia uno mismo como paso ineludible para acceder a ser leales para con los demás. sin eso, toda supuesta lealtad no es sino moneda de cambio, actitud mercenaria.

sin ganas de dejarme arrastrar por la disertación. mejor, dejarse llevar por el aire de un lunes apacible, en el que el frío camina de la mano de un sol radiante, a esta hora en que la luz es un regalo. divinos días en los que aquietar el verbo y entregarse a la contemplación sin sombra de melancolía.

quemar sedes de embajadas porque alguien, en algún lugar, osó dibujar los rasgos de un hombre que nadie, de los suyos, quiere identificar: acto, recurrente, de adolescentes enfurruñados.
después de todo, ¿cómo puede blasfemar quien no comparte la fe? catalogado como infiel, haga lo que haga, mi existencia entera resultará blasfema a los ojos del todopoderoso. y ante eso, sólo caben el exterminio o la indiferencia. pero, ¿a quién le importa la contradicción cuando bailan las llamas entre ciegos abrazos y los hombres se retrotraen al amanecer de la especie?
yo también bailo esta tarde bajo la luz que se desliza por tejas y fachadas, seducido por el brillo de las partículas suspendidas.

mientras, en un combate a brazo partido, el pequeño max lucha ya -y apenas tiene un mes- contra la tenaza del estreñimiento. la vida no da un respiro.